¿Qué podemos esperar el próximo 9 de Marzo de 2020?

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¿Qué podemos esperar el próximo 9 de Marzo de 2020?

Qué podemos esperar el próximo 9 de Marzo de 2020?



M. en D. Raúl de Jesús Acuña Olvera



Semestre tras semestre, generación tras generación, logro percibir ideologías diferentes de mis estudiantes que siempre busco comprender, racionalizar, y en muchos casos interpelar con la firme idea de generar en ellos que logren argumentarlas cuando estén sujetas a debate; principalmente a los que cursan el bachillerato de histórico – sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.



He visto pasar ideologías efímeras, algunas con mayor argumentación que otras; este semestre que acaba de concluir, percibí de manera significativa el impulso del feminismo, así que comencé a investigar, a cuestionar y a entender los alcances que lo mismo tendría.



El feminismo se fue ganando mi respeto, fue convenciéndome, me llevó justo al terreno donde nunca pensé que me llevaría, a reconocer qué tanto daño hemos hecho todos a la esencia femenina que todos tenemos, pero más que eso, que todos merecemos.



No podría recordar la fecha en que ocurrió, pero un par de mis estudiantes me preguntaron si me uniría al paro el próximo nueve de marzo del presente año; reconozco que no sabía que contestar y preferí preguntar “¿qué acciones debería de realizar yo ese día?” ellas tuvieron a bien explicarme lo que tendría que hacer como profesor, padre, hijo y pareja; a lo que contesté con una frase común entre los adolescentes actualmente a modo de afirmación total.



Saliendo de mi horario de trabajo, comencé a cuestionarme “¿qué pasaría con un día sin féminas?” por principio imaginé mi centro de trabajo, obviamente tengo compañeras y amigas docentes que viven su vocación diaria, que están ahí, que admiro y aprendo de ellas, justo por su dedicación y preocupación por los estudiantes, ese instinto maternal desinteresado que les caracteriza y que las llevan a ganarse la confianza de ellos; mis compañeras administrativas y de intendencia que mantienen los espacios limpios, que siempre muestran una sonrisa, dan los buenos días.



Mientras conducía también pensaba en las acciones que habría de realizar como pareja y padre, ninguna de ellas me incomodó, creo que esto ha sido mayormente posible gracias a que acudo ya por varias anualidades a terapia psicológica; y nuevamente fue cuando caí en cuenta la gran importancia de una mujer en vida, mi terapeuta que semana a semana, escucha, guía, no juzga y de quien la semana anterior me había dicho una frase que se adecúa a éste tema: “por un lado sientes que te mueres y por otro están naciendo cosas”.



Yo seguía conduciendo, estaba detenido en un semáforo, en el carril de al lado estaba una señora, aproximadamente de mi edad, aprovechando el “alto” para pasar el rímel por sus ojos, el auto de atrás, en cuanto cambio la luz, accionó con violencia el claxon de su vehículo para que ella avanzara; ahí recordé cuantas veces había tenido yo exactamente la misma actitud frente a una mujer frente al volante, sin pensar que seguramente ella se había levantado temprano, había hecho el desayuno, llevado a sus hijos, tal vez hasta realizado también los alimentos del mediodía y también trabajado duro en la oficina y que ahora era el momento del “retoque” porque socialmente no es bien visto el que una mujer esté desalineada, mientras que nosotros los varones, no tenemos que hacerlo y por el contrario si hemos juzgado severamente aquella mujer que “no se ve bien”, “no huele a limpio”, etc.



Perdí la pista de aquella mujer que tripulaba su vehículo, pero me encontraba de nueva cuenta en otro semáforo, ahora mientras esperaba la señal, se acercó a mi ventanilla, esa mujer de aproximadamente treinta años que cargando a su bebé, me ofrece dulces que reconozco no siempre compro, ésta vez decidí ser más empático y preguntarle sobre su estado de salud, sobre sus ventas; sus respuestas fueron muy cortas y su actitud se caracterizó por nerviosismo y desconfianza. Por supuesto que lo entendí, nadie es cordial con ella, siempre existe rechazo, se les juzga y que alguien trate de ser distinto, seguramente para ella era un síntoma de peligro, ahí nuevamente dimensioné “que malos hemos sido con ellas”.



Por fin llegué a mi destino, caminé un par de cuadras, y pude saludar también a la Señora Eva, esa ancianita que saca su pequeña silla a la calle y se dedica a ver pasar gente y que un día se presentó conmigo, me preguntó mi nombre y que ahora somos amigos; siempre que nos despedimos, ella siempre dice “que Dios te bendiga” me queda claro que para ella, para su crianza, su formación, su vida, no hay mejor frase que represente su anhelo, su deseo porque su amigo tenga un buen día. No han sido pocas veces las que veo que sus familiares le reprenden el que sea tan abierta con todos los que pasamos por fuera de su casa; tampoco los culpo, lo hacen por la seguridad de ella, no todos son buenas personas y podrían aprovecharse de su debilidad física, de su forma de ser, de que siempre mantiene la puerta abierta de su casa pero, ¿no tiene derecho la Señora Eva de disfrutar la vida, deleitarse de su ciudad, charlar con los habitantes de su colonia, saborear sus horas de reposo después de haber terminado de trabajar duro cocinando los antojitos que vende en el mercado?.



Cuando llegué a casa y sin que yo lo propiciara, surgió la charla con mi hija sobre si habría de unirse al paro; compartimos puntos de vista y mencionó esa incomodidad de caminar por las calles ante la vista y lenguaje llenos de morbo por hombres; algo que nunca había escuchado de sus labios y que además de sorprenderme, me llenó de ira, claro, por ser cercana y amada por mí, pero sabiendo que todas las mujeres pasan por algo similar. Fue el momento en que me recordé a una edad inferior a los cinco años y que mi madre me pedía que la acompañara a realizar algunas compras para la casa; yo, en mi ignorancia me negaba a ello, hasta que me dijo “es que si tú me acompañas, los señores se detienen un poco más a decirme de cosas (sic)” reconozco que en ese momento a mi edad no comprendía a que se refería pero creo que mi instinto me llevó a partir de ahí acompañarla a todos lados, lo cual me hizo hacerme siempre muy cercano a ella, y ¿por qué no? desarrollar más mi lado femenino.



Después de mi jornada laboral en la escuela donde soy docente, tuvimos una reunión con dos compañeras de trabajo, mientras una de ellas llegaba (no por impuntualidad, sino porque debe de además de cumplir con sus labores como profesional, también lo hace como madre, hija y esposa) charlaba con la otra, donde sin planearlo la misma nos llevó al hecho de mencionarle: “hasta hace algunas horas dimensioné algo, cuando les serví de comer a mis hijos y satisfacer su hambre, me di cuenta que no dieron las gracias, que no observaron si yo había comido o no, o cuanto de ello había hecho; por un momento pensé en culparlos, pero me remonté a aquellos años donde mi madre servía la mesa a cuatro varones y al menos yo, no recuerdo haberle preguntado a ella ¿mamá, tú ya comiste? ¿deseas que ahora yo te sirva?” en ese momento a la maestra le brotaron dos lagrimas de sus ojos que tuvo que limpiarse con una servilleta que estaba sobre la mesa… estoy seguro que no fue por mi experiencia personal, sino porque esa misma historia ella también la vivió, vive y tal vez seguirá viviendo en casa.



No creo que existan sobre la faz de la tierra feministas en su más sentido puro y estricto, considero que es un término que ha sido modernizado con objetivos políticos; es una lucha legítima sí, pero no existe un modelo, una guía; cuando ahora a mí me preguntan, si lo soy, lo niego rotundamente, ya que me considero un machista en rehabilitación (concepto atribuido al escritor mexicano Julián Herbert), porque particularmente eso creo que somos todos aquellos que simpatizamos con la causa, ya que la misma ha sido objeto de manipulación, es “un barco en el que todos quieren navegar y tripular” y que si bien es cierto es fuerte y navega viento en popa puede toparse de frente con el iceberg del machismo radical, el violento, el que es capaz de eliminar a su enemigo de raíz.



¿Qué debemos de hacer? Justamente a eso me refiero con el machismo en rehabilitación debemos de comenzar a generar consciencia en los varones de evitar las miradas inapropiadas, en comentarios despectivos incluso entre nuestra familia, en no juzgar a las mujeres por su forma de vestir, caminar, maquillarse, etc. Saber que en nuestros días la masculinidad no se debilita con empatía y equidad en las labores hacía las féminas; el reconocer que les hemos hecho daño y querer y lograr cambiar sin duda es la meta fundamentalísima de la postura feminista, esto en cuanto a los hombres.



Las mujeres por su parte, desearía que dejasen de violentar su esencia, de pensar que los objetivos se alcanzan por imposición; confiar más en sus conocimientos y no en su apariencia física, evitar caer en vías rápidas para acceder a puestos importantes, que legítimamente se merecen y que por ello es innecesario realizar por alcanzarlos; de igual modo, en su actuar, al educar a sus descendientes (independientemente del género de éstos) formarlos en un ámbito de valores, de equidad y lograr en ellos evitar el uso del oportunismo en razón al género, porque ocurre en mujer y hombre. Debemos de reconocer que hay mujeres que han sido formadas de bajo reglas estrictamente patriarcales y que pueden llegar a ser más o tan violentadoras (incluyendo con las de su mismo género) como los varones más sanguinarios; en conclusión es tarea de todos que todos los días trabajemos en una reeducación hacía una autentica equidad de género, de ahí radica nuevamente mi concepto reflexivo de machistas en rehabilitación.



Decía al principio de este texto, la frase que descubrí gracias a mi terapeuta “por un lado sientes que te mueres y por otro están naciendo cosas”, es momento de acribillar el machismo y feminismo radical, es el momento de que nazcan nuevos enfoques e incluso ¿por qué no? retomar otras prácticas de buen gusto; por ejemplo que el varón ceda el paso a las damas en la banqueta (sin necesidad de observarlas de forma morbosa) y que las mujeres en su expresión lingüística omitan lenguaje inapropiado, y no me refiero exclusivamente al uso de todas las palabras altisonantes, pero si la que en específico utilizan innecesariamente para hacer referencia al falo como parte de su esencia y fuese un sinónimo de jerarquía, de poder, de dominio; en fin estos son solo un par de ejemplos que creo todos debiésemos de adoptar y reflexionar; así tenemos tanto derecho a hablar de feminismo o machismo, las mujeres como los hombres.



¿Qué esperar el próximo nueve de marzo de éste año? Particularmente creo que es una buena medida reflexiva el que todas las mujeres detengan sus labores, eso sin duda debe movernos a todos los varones y por supuesto al Estado mismo como responsable de la ola de violencia y comentarios inadecuados donde se ha minimizado ésta lucha de equidad; aún así, yo habré de extrañar a todas aquellas féminas que no estén fuera de su casa porque en sus centros de trabajo les fue permitido o por decisión personal; añoraré la presencia de mis chicas estudiantes independientemente de su condición o situación; a mis compañeras de labores sin importar la función que realicen; a la dama que se maquilla en el semáforo, la señora Eva y sus deseos inspirados en la deidad.



Solamente hay alguien en este relato que hasta ahora he realizado y que no estoy seguro si habré de echar de menos, la señora que cargando a su hijo me ofrece dulces en el semáforo… porque dentro de mí generará por ese día la duda si optó por sumarse a la lucha, si decidió mejor buscar otra forma de vivir, o incluso su vida ha sido arrebatada en un acto de machismo extremo por algún enajenado mental.



Mujeres y hombres que como yo se consideren machistas en rehabilitación, debemos de preocuparnos por aquellas damas que a pesar de la convocatoria por todos los medios posibles, no tienen otra opción más que la de salir a enfrentarse a ésta vida (actualmente tan irascible) por sus propios medios el éste lunes nueve de marzo.



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